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La "Casagrande" es quizá el edificio mas emblemático de Murillo el Fruto, tanto por su fábrica, cuanto por ser el punto neurálgico del pueblo. Todo el que lo observa por primera vez se queda asombrado de su extensa planta, de su volumen prismático, de su fachada principal y de su espaciosa escalera interior. Entonces, hay que añadirle que es un edificio del s. XVIII, que allí se ubican en el primer cuerpo las escuelas, la farmacia y la cartería; en el segundo, el Ayuntamiento, y, en el tercer cuerpo, cuatro viviendas, ahora mas o menos utilizadas y reconvertidas en oficinas o archivos. Efectivamente, es lógico que se llame "Casagrande", aunque en los carteles se indique "Ayuntamiento". Y contemplando su fachada, ahora mas detenidamente, verá, a la altura del cuerpo noble, que campea un blasón de color blanco y cuyos relieves están bastantes rebajados. Pocos
sabrán explicar la pertenencia y el significado de dicho escudo. Algunos pensarán que es el del pueblo, puesto que está en el ayuntamiento. Pero no es así. Vamos a dar los datos que se han podido averiguar hasta ahora sobre dicho blasón y su procedencia. Es un gran escudo de alabastro de estilo rococó fechable en la segunda mitad del siglo XVIII. En la parte superior (timbre) un yelmo (que indica el grado de nobleza, aquí, hidalgo); en el inferior, un mascarón (cara grotesca decorativa); a los lados, dos leones tenantes o soportes (que sostienen el escudo). Su campo, cuartelado en cruz, reproduce en la parte superior, a la izquierda, una estrella radiante (o un sol) y , a la derecha, un puente sobre tres rocas y encima de el la cabeza coronada de un Rey Moro (es el escudo del Roncal). En la parte inferior, un lobo de sable (negro) sin corona llevando un animal (quizá un cordero) atravesado en la boca (escudo del valle de Salazar), y, a continuación, en el último cuartel, una media Luna menguante ranversada (invertida).
Este escudo de armas pertenece a la familia Goyena-Jijante. Y es el mismo que se puede observar en la Iglesia Parroquial del pueblo en el extremo del brazo del crucero por el lado del Evangelio, donde se adosa el retablo del Santo Cristo.
Muchas han sido las relaciones entre los valles de Salazar, sobre todo, y de Roncal con Murillo el Fruto desde el siglo XVI hasta época reciente. La existencia de la cañada llamada de los salacencos entre Murillo el Fruto y Salazar, vía pecuaria utilizada para conducir los rebaños a los pastos ribereños, ayudó a estas relaciones. La necesidad de pastos en invierno para sus ganados hizo que muchos ganaderos de estos valles arrendasen las corralizas en Murillo y que muchos salacencos o roncaleses permanecieran temporadas aquí como pastores, llegando incluso a empadronarse, bien por conveniencia, bien por haberse casado con personas de Murillo. Es raro el murillés que no lleva en sus apellidos alguno que no evoque esta procedencia. De esta manera vinieron los Goyena a nuestro pueblo. El 10 de Enero de 1664, Juan de Goyena y Mosso, natural de Ochagavía, se casó con Bernarda Lecumberri, de Murillo el Fruto. Y aquí se avecindaron y bautizaron a sus hijos Bernarda (1666), Pedro (1670, muerto a los dias), Pedro (1671), Ines (1676) y Juan Jose (1679). Pero no fueron los únicos con ese apellido, pues a finales del XVI y principios del XVII ya esta documentado su existencia aqui.
Pedro Goyena y Lecumberri celebró su enlace matrimonial en Carcastillo el 26 de Marzo de 1702 con Josefa Jijante, natural de esta villa, hija de Lorenzo Jijante, de Isaba (valle del Roncal) y de Isabel Iturri, de Carcastillo. Este matrimonio se estableció en Murillo y procrearon a Isabel (que caso en 1727 con Manuel Fadrique, de Arguedas), Juan Esteban, Pedro Jose y Francisco (casado en 1739 con Teresa Canedo, de Valmaseda, Vizcaya).
De todos ellos, quien más nos interesa es Juan Esteban de Goyena y Jijante. Nacio en Murillo el Fruto el 28 de diciembre de 1707, contrajo matrimonio el 25 de mayo de 1729 con Manuela de la Iglesia, natural de Borja. En esta ciudad del reino de Aragón estuvieron avecindados una temporada y tuvieron su hijo, Juan Antonio, el 4 de Junio de 1730. Pasaron mas tarde a vivir a Cadiz.
Siempre tuvo en su pensamiento la villa donde nacieron su padre, él y sus hermanos. Debió gozar de buena posición social y económica, pues en 1747 donó una lámpara de plata, con la idea de colocarla en el cuerpo de la Capilla Mayor junto al Santísimo dentro del enrejado, y un vestido para la Virgen, Reina del Cielo. Esta lámpara seguramente es la que entregó Murillo como pago en especie por el empréstito que decretó el Duque de Mahón, Virrey de Navarra, el 15 de junio de 1809, para contribuir a los gastos de la Guerra de la Independencia, agotadas las entregas de grano y raciones.
En aquel tiempo, eran muchas las familias procedentes de Baztán, Salazar o Roncal, cuyos habitantes poseían privilegio de hidalguía colectiva, que, cuando se trasladaban a otras ciudades o villas, se apresuraban a usar y colocar el escudo de armas de esos valles, invocando su origen y, por lo tanto, su condición hidalga.
Asi pues, junto con sus hermanos, Juan Esteban pidió permiso en Pamplona y lo obtuvo el 21 de Junio de 1754 de la Audiencia, en Corte, para utilizar el escudo de armas, descrito anteriormente, así como las mercedes y armas concedidas por los Reyes en 1527 y 1566 a los valles de Roncal y Salazar respectivamente.
Reconocida su hidalguía, ingresó en la orden de Calatrava el 21 de abril de 1757.
En una anotación que se encuentra en el Archivo municipal se lee que la casa de Rada vendió a Goyena la casa del torreón y tres vagos el 21-1-1765.
Hacia estos años se construiría la "Casagrande" o "Casa Goyena", se colocaría el escudo en su fachada y se edificaría a sus expensas el retablo del Cristo. (Isabel Goyena murió) en 1770 y dejó todos sus bienes para misas en el Altar de Nuestra Señora).
En el ano 1775 compró don Juan Esteban Goyena a don Juan Antonio de Morales de Rada Asiáin y Argaiz (natural de Corella y XVI Señor del Palacio de Rada de Murillo el Fruto), precediendo licencia del monasterio y la paga de la mitad del importe del luismo (censo), la hacienda que poseía el monasterio de La Oliva en Murillo; y este mismo año le vendió el monasterio a dicho senor Goyena el censo (lo que tenia que pagar anualmente) perpetuo con todos los derechos en 5.000 reales. Aun alejados de su tierra natal, no olvidaron sus raíces, a las que, como hemos visto, tenían apego y afecto.
El último dato que se tiene de esta familia es que Juan Antonio, Goyena y Laiglesia, hijo de Juan Esteban y como él tambien caballero de la Orden de Calatrava, envió desde Cádiz un donativo de 100 pesos (equivalentes a 1.500 reales) con motivo de la inundación de Sangüesa de 1787, dentro de los 47.000 reales que los navarros residentes en Cádiz enviaron para ayudar a la reconstrucción de esta ciudad.
En el catastro de 1837, los Goyena tenían inscritas a su nombre la casa grande, la casa de la Torre, una pieza de 13 robadas en la Torre, 80 robadas en el regadío y un huerto de 3 robadas. A primeros del siglo XX, eran dueños de la Casagrande doña Mamerta Garde Garde, de Carcastillo, y don Félix Gavari Remón, de Murillo. El 7 de Junio de 1907 se midieron y replantearon los llamados "rasos de Goyena", o sea la Casagrande y sus alrededores, dejando los conduenos un terreno para la formación de un juego de pelota (el frontón viejo) que quedaba para beneficio del pueblo, dejando todo lo demás el Ayuntamiento para que se to repartieran los compradores como estimasen más conveniente.
Aún queda en Murillo, bien que por poco tiempo, puesto que con la concentración será dificil que se conserve la toponimia de siempre, restos de lo que fue la presencia de los Goyena en nuestro pueblo. Cerca del casco urbano existe el término "Goyena" y el camino que baja a ese término es "el camino de Goyena" (es el que va a La Biona).
Juan José Lacosta Gabari |